Un nuevo año de vida

Es lunes 14 de octubre por la mañana. El cielo está nublado y escribo en cama. Me encanta sentarme con mi libreta aquí y permitir que las palabras se deslicen sobre el papel.

Cuando escribo en cama hay una sensación de relajación y de fluidez que me invade. El acto de escribir simplemente se da.

En mi mesita de noche me acompañan dos rosas blancas que me recuerdan las cualidades de la belleza y de la pureza. En la otra mesita hay una vela encendida que alude a la esencia de la luminosidad.

A través de la ventana diviso el habitual mar de árboles. Su verdor me proporciona vitalidad cada día y su presencia me recuerda mi capacidad de ser fuerte y resiliente.

Entre momentos de contemplación aprovecho para beber sorbos del té calentito de la mañana. Sus notas me transportan a los campos de Japón en los que crece y me reconfortan con un suave vigor para embarcarme en el día de hoy.

Cierre de ciclo

Esta semana cumpliré un nuevo año de vida. En los últimos días ha habido una invitación más profunda a la reflexión sobre mis tránsitos personales y me siento como si fuese una serpiente a punto de mudar de piel.

Me invade un sentimiento de integración de una temporada. Está ocurriendo de manera natural y siento que únicamente tengo que presentarme en cada paso del proceso para recoger nuevas pistas, información y enseñanzas.

Aprendizajes, reinvención y profundidad

Este año se han asomado nuevas canas en mi cabello que cuentan las historias de lo que mi cuerpo y mi alma han anclado. Son una llamada a aceptar que la naturaleza sigue su curso orgánico.

La vida dispuso experiencias para reconocerme en mi humanidad todavía más. A pesar de mis resistencias, me sumergí en nuevas profundidades de mi experiencia física y abracé la densidad con toda su intensidad.

He aprendido y sigo aprendiendo a no forzarme más allá de mi capacidad y a dejar de empujar mi agenda personal para rendirme a un plan mayor.

Me senté con profundas sensaciones de duelo, pérdida, confusión y desesperanza. Esto me permitió crear espacio para confiar más en mí misma y en la vida.

He tenido que reconocer y aceptar nuevas sombras que habitan en mí para poder cultivar una relación más profunda con la creación y apreciar más nítidamente el hilo conductor que lo teje todo.

Hay muchas cosas que no salieron como esperaba y eso me permitió entender que no hay tal cosa como el fracaso, sino nuevas ventanas de oportunidad y liberación.

Honrar el origen y ser con lo que es

Me mudé una vez más de país. Esta reubicación me ha otorgado una nueva mirada con respecto a mis raíces y una profunda apreciación hacia la tierra que me vio nacer. Paraguay ha evocado en mí la añoranza de los bosques, de los ríos y de la majestuosidad de las costas de mi Galicia natal.

He sido llamada a soltar ideas preconcebidas, juicios e información almacenada para aprender con lo que se presenta ante mí en cada instante. Recordando que la vida misma es la mayor escuela de aprendizaje y que, en cada instante, se presenta ante mí un lienzo en blanco de oportunidad y creación.

Gratitud y curiosidad

He sentido nuevas olas de amor y de apoyo incondicional de las personas que son parte esencial de mi vida. Y, a su vez, han surgido nuevas conexiones humanas que se sienten destinadas a ser parte del futuro de unión que estamos creando.

Me siento cansada y, a la vez, revitalizada.
Me siento mayor y, a la vez, con la ilusión de una niña.

No tengo ni idea de lo que esta nueva temporada de mi vida va a traer y me emociona. Siento que el futuro viene repleto de sorpresas inesperadas, nuevos horizontes y oportunidades de saborear intensamente todo lo que se va a presentar en mi camino.

A por un nuevo año de vida.

¿Tú también sientes que cuando se acerca tu cumpleaños se cierra un ciclo y se presenta la oportunidad de reflexionar sobre lo vivido y transitado hasta el momento? Me encantaría que me cuentes. Te leo.

Un abrazo,

Almudena

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